18 mayo, 2006

18 de mayo de 2006

Ideas interesantes de los colegios canadienses.

Estoy llegando del colegio de las niñitas. Al principio del año, tuvimos cada uno, una reunión con la maestra de su hijo, pero ahora fue diferente.
Hoy era el “Student-led conference”. Es como las reuniones que uno tiene con la maestra, solo que en este caso, es el niño quien se entrevista con sus padres acerca de su desempeño escolar.
El asunto lo empiezan a organizar como dos semanas antes. Cada niño, escoge un trabajo de cada materia que el considere importante por alguna razón. Luego, cada uno llena un formulario en el que describen sus fortalezas y retos como estudiante y sus metas y planes para lograr esas metas. Con todo eso, hacen una carpeta.
El día de la reunión, cada niño busca a sus padres en la recepción y los lleva a su salón. Allí tienen toda una rutina: Primero, los llevan a saludar a la maestra. Luego se sientan en su escritorio con sus padres y les enseñan su carpeta. Revisan y discuten cada trabajo. Clari, por ejemplo, escogió en matemáticas, un trabajo sobre los números romanos. Me dijo que lo había escogido porque al principio le había parecido muy difícil, pero después de practicar mucho, ahora le parecía facilito y eso le demostraba que ella podía aprender cualquier cosa. Después les leen a sus padres su reflexión sobre fortalezas, debilidades y metas y los padres conversan sobre esto con su hijo. Al final, llevan a sus padres a un tour guiado por su salón y carteleras importantes del colegio y luego lo llevan a la recepción donde hay galleticas y café.
Todo el proceso dura una media hora, y la mitad del salón lo hace simultáneamente. Luego, le toca a la otra mitad.
De verdad me impresiono esta conferencia, porque los niños se ven forzados a reflexionar acerca de su rendimiento en el colegio, asumen una gran responsabilidad ante sus estudios y se comprometen consigo mismos a mejorar de maneras muy concretas.

Otro mecanismo que me encanta, es el que usan para enseñar a los niños a usar su agenda. Cada día al llegar, encuentran escritas en el pizarrón, las cosas que deben copiar en su agenda. La lista incluye tareas, fechas especiales, recordatorios de cualquier tipo, circulares, etc.
Lo primero que hacen los niños, después de saludarse, es copiar esto en su agenda, y lo hacen con un timer que la maestra pone. El reto es copiarlo antes de que suene la alarma. Después, cada uno pone su agenda en el escritorio de la maestra que durante el día, la revisa y la firma. A su vez, las mamás (o papás) la firman cada día en la casa.
De verdad que ya a estas alturas del año, tanto Cali como Fer, usan su agenda como unas ejecutivas. Es lo primero que revisan al llegar a la casa y la consultan para todo.

03 mayo, 2006

3 de mayo de 2006





Bungee Jumping

Hoy, leyendo el periódico, encontré un artículo sobre un nuevo reality show que va a salir en otoño. Es sobre una pareja que se dedica a llevar a la realidad su lista de 100 cosas que hacer antes de morirse.
Tanta gente hace sus listas… algunos la escriben, otros simplemente la tienen en mente, pero casi nadie la lleva a la práctica.
Pero hay unos pocos, muy decididos y tenaces, que quieren sacarle el jugo a la vida y no se paran en obstáculos y yo soy mamá de una de esas personas: Cucha.
Al llegar a Montreal, me dijo que iba a aprovechar que estaba aquí, para empezar a hacer las cosas de su lista y la primera era ir a hacer bungee jumping. Yo le dije que claro, que por supuesto lo podía hacer. A pesar de tratarse de Ana Carolina, yo creía que la cosa nunca se iba a concretar, pero pocos días después, me la encontré haciéndole un huequito a una lata vacía de jojotos y empecé a preocuparme.
“-Para que es eso, Cucha?
-Es que el bungee es carísimo y yo soy malísima ahorrando, así que voy a usar esta lata para ir metiendo dinero que no voy a tocar por nada del mundo.”
Ooops, la cosa como que estaba agarrando cuerpo. Ya había investigado donde hacerlo, cuanto costaba, las fechas en que abrían (no abrían hasta primavera) otros detalles de seguridad, etc.
A los pocos días, Nacho y Santi entraron en mi cuarto para discutir un asunto: ellos también lo querían hacer. Cucha averiguó que lo podían hacer si yo les firmaba un permiso y si pesaban más de X libras.
Mi primera reacción fue decirles que no. Ya la cosa no sonaba tan imposible y Cucha es mayor de edad, pero ellos, sobretodo Santi con su yeso eterno, se veían como más vulnerables. Pero ya ellos estaban decididos y se dedicaron a hablarme del asunto cada 10 minutos. Al cabo de dos semanas, les dije que si, solo para poder cambiar de tema…
La primavera llego demasiado rápido y ya los dólares necesarios estaban en la lata y Ana Caro llamo a hacer la reservación.
Salimos tempranito porque era a tres horas de Montreal e íbamos todos en el carro, incluyendo a Clari y Fer, Trampa (la perrita) e Inés, la amiga de Cucha.
Finalmente, llegamos al lugar. Un sitio espectacular donde está el bungee más alto de América del Norte.
Al ver el lugar de donde se iban a tirar de verdad que me dieron escalofríos y les pregunté por ultima vez si estaban seguros. No solo estaban seguros, sino que ya la adrenalina les estaba corriendo por las venas.
Yo, un poco avergonzada, les pregunté a los empleados si yo era la única madre desnaturalizada que había llevado niños de esa edad, pero los tipos me dijeron que ni remotamente. Parece que Santi no es el menor en haberlo hecho ahí.
De primero le tocó a Santi. El tipo se lanzo de cabeza sin dudarlo agarrado solo por los pies. Yo perdí años de vida, pero el quedó radiante y eufórico.
Después le toco a Cucha que se lanzó con un arnés que la agarraba debajo de los brazos. Su caída no fue tan elegante como la de Santi, pero fue igualmente gloriosa. Yo sufrí bastante menos, ya me sentía más segura.
De último se tiró Nacho por los pies y de cabeza, dando un grito triunfal. Ya en este momento, yo también lo estaba gozando y ahora las niñitas también se querían tirar. Gracias a Dios, no cumplían con los requerimientos de peso mínimo, así que no tuve que ser yo la mala de la película, pero ya están planeando hacerlo apenas califiquen.
De regreso, los tres venían como en un trance, y al llegar a la casa, empezaron a hacer planes para su próxima aventura: nadar con tiburones.
Todos hicimos nuestra lista de 10 cosas que hacer durante los próximos 10 años y para mi gran alivio, incluían cosas inocuas como aprender a hacer Sushi…
En lo que va de semana, los tres han buscado un momento para darme un abrazo y las gracias por haberlos llevado.

FOTOS:
1- En Ottawa
2- Nacho en el momento de saltar
3- Cucha llegando al barquito
4- Santi en el aire