31 enero, 2006

31 de enero de 2006

Festival de la nieve

Durante tres fines de semana, justo en esta época, los montrealeses celebran el invierno en un intento por no desesperarse. En el Parque Jean Drapeau, montan todo tipo de actividades en las que el hielo y la nieve son los protagonistas. Suena horrible, pero la verdad es que es una maravilla.
El sábado pasado, mi amiga mejicana, Eva y yo, nos lanzamos para allá. Nos fuimos en metro, para no pelar buscando puesto de estacionamiento, y al salir de la estación, vimos que estábamos en el medio del festival. Lo primero que nos encontramos fueron unos igloos de verdad y desde ese mismo momento, perdimos el control de nuestra prole. Las niñitas se querían mudar para allá de inmediato y opinaban que si los Inuits podían vivir así, ellas también. Los grandes, después de echarles un vistazo, nos pidieron dinero y nos dijeron que nos veíamos más tarde en la casa.
Cuando logramos convencer a las niñas de que se mudaran otro día, seguimos caminando y descubriendo cosas espectaculares. Hay maravillas en esculturas de hielo, pero lo mejor es que uno se puede sentar y hacer una con todos los materiales y orientación necesarios. Por el camino, uno se encuentra con unos spots para calentarse que son como unos módulos en los que caben como 10 personas y que tienen lámparas de esas que usan en el Mac Donald’s para mantener calientes las papitas.
Para almorzar, hay restaurantes de cómida rápida, pero también una carpa gigante con mesas de picnic y una cantidad de hornos de microondas, tostadoras, hornitos, etc., para que la gente pueda calentar la comida que haya traído de su casa.
El maple, no podía faltar, pero aquí era mejor: en unas mesas cubiertas de nieve, echan maple caliente que al contacto con la nieve, se va solidificando y uno lo enrolla en una paleta de madera y lo convierte en chupeta. El pegoste es horrible, pero vale la pena.
Después de reponer las energías con esos miles de calorías, nos encontramos con el “tubing”. Consiste en unos toboganes gigantes de nieve por los que uno se tira con una tripa de caucho y es lo máximo, además de contribuir a quemar las calorías excedentes, porque uno se tira en un segundo, pero después tiene que subir 8 millones de escalones con los tubes a cuestas, y las niñitas no obligaron a hacerlo no menos de 25 mil veces.
Hay trineos llevados por perros, camas elásticas, montañas de nieve, explanadas para guerras de nieve, lugares para hacer muñecos de nieve, toboganes de hielo, pistas de patinaje y seguro que algunas cosas que se me están olvidando.
Nos tocó un día tan caliente (2 grados C) que varias de las actividades estaban cerradas y los niñitos, que ya están bastante aclimatados, estaban todos acalorados con el ropero que tenían encima.
Fue toda una experiencia que estoy segura de que voy a tener que repetir este fin de semana…

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