26 enero, 2006

26 de enero de 2006



Día Internacional en Kells
En el colegio de Cali y Fer hay un total de 63 alumnos y 31 nacionalidades distintas.
Hoy era el día en que cada uno le enseñaba a los demás su país. Yo, que estoy acostumbrada a uno similar que hacen en El Ávila, estaba impresionada de lo poco planificado del asunto. Apenas me llamó una maestra hace 3 días, y me preguntó qué podía enseñar sobre Venezuela. Yo le dije que podía llevar mi Tosti arepas, y enseñarles a hacer arepas. La mujer, después de preguntarme todos los ingredientes, quedó encantada con la idea (en el programa decía que yo iba a hacer "Arribas").
Anoche, las niñitas hicieron una cartulina con fotos de ellas en diferentes lugares del país, un mapa que sacaron de Internet y reunieron varios potes de barro, máscaras de los diablos de Yare, un cuatro, una maraca, unos billetes y dos afiches de casa de sus primas. Yo llamé a la otra mamá venezolana del colegio. Ya las mejicanas, que compartían salón con nosotras, tenían todo tipo de planes incluyendo un menú completo con todo tipo de exquisiteces, y no quería que Venezuela quedara escondida en un rincón, así que le pedí que me ayudara en mi oficio de Doña Arepa, y ella llevó música de Serenata Guayanesa y Simón Díaz y un Pan de Jamón hecho en casa, además de sus respectivas fotos, afiches, cestas y libros de Venezuela.
Llegamos y montamos nuestro tarantín y después de algunas fallas técnicas, empezamos una producción de arepas que contra todas mis predicciones, resultó agotarse antes del final de la exposición, acompañada de Susys y Torontos, y gustó muchísimo.
Gracias a Dios, porque en ese momento, pudimos abandonar el rancho y nos fuimos a ver el resto de la exposición.
¡Era una maravilla!
Un papá de Jordania escribía los nombres de los niños en árabe con una pluma de bambú que mojaba en tinta, una obra de arte. La mamá de Costa de Marfil, tenía una comida que parecía criolla, con plátanos fritos picados como medias lunas, pero maduritos, una carne que parecía mechada y acompañado de jugo de Jenjibre.
Los del Medio Oriente tenían un stand de tés de varios sabores, servidos con jarras de plata en unos vasos de cristal de colores, que parecían salidos de algún cuento.
La de Suiza, tenía un Fondue de Chocolate. Las de España e Italia tenán casi un restaurante.
Los de Corea tocaban un instrumento de viento que yo nunca había visto y un Sushi que competía con el que preparaban en vivo los de Japón.
Al fin descubrí la nacionalidad de las amigas de Fer: una es de Pakistán y la otra de Burkina Faso. En realidad no sé como se escribe el nombre de ese país, pero yo sólo se lo había oído mencionar a Quico.
Los de Canadá tenían Maple en todas sus formas y afiches de todos los equipos de Hockey en hielo.
Después de ver a la gente en acción, comprendí porque no era necesaria tanta planificación. Una cosa es preparar una exposición de un país que uno no conoce, y otra muy distinta, tener el orgullo y el placer de enseñarle a los demás, lo más bonito de su propio país.
Yo comí y tomé todo tipo de comidas y bebidas, hice cantidades de preguntas y aprendí muchísimo.
Todos los niños y sus respectivos padres, salimos emocionados y orgullosos.

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