15 enero, 2006

15 de diciembre de 2005


Peripecias del invierno

Es verdad que el invierno tardó en entrar este año, pero finalmente llegó. La primera nevada fue todo un evento, los niñitos jugando afuera, yo emocionada viéndolos mientras me tomaba un cafecito caliente, los pinos nevados, todo parecía una escena de una película gringa de navidad.
Pero era un miércoles, lo que significa que al día siguiente había colegio y yo, que siempre he vivido en el trópico, dejé el despertador a la misma hora, grave error…
Salimos las niñitas y yo, de lo más contentas viendo todo blanquito, y de repente vemos el carro, que por supuesto también está todo blanquito... Ellas, que no se desaniman fácilmente, se ofrecieron a ayudarme a desenterrarlo, y yo, que soy del trópico, las dejé. Media hora más tarde, las tres entramos en un estado de hipotermia y creo que casi perdimos un par de dedos, mientras el carro seguía cubierto de nieve ahora toda desordenada.
Después de mucho trabajo, logré soltar a las niñitas en su colegio, al que no pudieron entrar por la puerta acostumbrada porque la cerradura se había congelado y no había quien la pudiera abrir. Pero en el camino, me coleé un par de veces, curiosamente no frenando sino acelerando, lo cuál me hizo decidir que había llegado el momento de cambiar los cauchos por los de invierno. Me fui a la cauchera solo para descubrir con una mezcla de tristeza y emoción, que mis años de sacarme cédulas, solo eran el entrenamiento para lograr esta hazaña. Había un letrero (está bien, no era de cartón de caja), que decía que ya se habían acabado los números por ese día. Entré a hablar con el funcionario, perdón, el empleado, y me dijo que tenía que llegar mucho más temprano porque solo repartían 30 números. Al día siguiente, me fui una hora más temprano pero, que va, cuando tenía como a 6 personas por delante, dijeron que ya no atendían a nadie más por el día.
La mañana siguiente, amaneció nevando, y yo ya había perdido toda mi candidez, así que les dije a las niñitas que no podían ir al colegio, y me presenté en la cauchera a las 7 de la mañana. Estaba de 11 en la cola, y estaba eufórica, pero a los 10 minutos, se me empezaron a congelar los músculos de la cara y por más que trataba de borrarme la sonrisa estúpida que tenía, casi no sentía la boca y no sé que mueca estaba haciendo, pero los demás de la cola, tenían expresiones poco naturales. La puerta la abrían a las 8, y seguía nevando, y la temperatura era por mucho, más baja que la de mi freezer, pero, sobreviví, y salí de ahí con los codiciados cauchos, no sin antes superar el impasse de descubrir que los cauchos, como los zapatos, vienen en diferentes tallas.
Al día siguiente comprendí la suerte que había tenido. El periódico tenía en la primera plana, la foto de un choque de 30 carros y entrevistaban a los dueños de caucheras que contaban que estaban colapsados y que todos los años era igual, la gente espera al último momento.
Debo reconocer que me sentí reconfortada de descubrir que los canadienses son solo humanos.
Ya soy un poco más veterana y reviso el weather en la computadora antes de poner el despertador, tengo los implementos necesarios para desenterrar el carro, y por supuesto no dejo que las niñitas me ayuden, pero todavía me encuentro con sorpresas como que en los días más fríos, las puertas correderas de la camioneta, no abren hasta que el carro está bien caliente y los vidrios no bajan. Me dice mi mamá que a veces a ellos no les abre la puerta de la casa, cosa que gracias a Dios a mi no me ha pasado.
Ana

Respuestas

Ana, me duele la barriga de reírme. A mi no se me han congelado ni la cerradura ni las puertas corredizas. Bueno a Alfonso, porque yo no tengo licencia todavía. Tampoco hemos tenido que desenterrar mucho el carro, sólo pasarle el cepillo y raspar el hielo del parabrisas. Será que en NDG cae menos nieve que en Wesmount?... prepárate para mañana! El pronóstico no es “snow showers” sino “SNOW”.
BESOS,
Jacqueline


Hola Ana T. :
Ya veo todas las peripecias que pasaron con los fulanos cauchos de invierno, pero cuando son muy fuertes las nevadas, si no limpian las calles, de poco sirven esos cauchos. Ya ves lo cómodo que es vivir sin esas incomodidades, pero a uno también le gusta pasar esas incomodidades de vez en cuando. Mucha fue la nieve que paleamos en Virginia cuando pasamos un enero y febrero allá, porque estaba el auto hundido en la nieve cada vez que ibamos a salir. Bueno, que siga la gozadora.

Pedro vino a almorzar con nosotros una hallaca y pan de jamón con nosotros, ya que se va mañana para estar con ustedes. Que lo pasen lindo allá en Vermont esquiando, estoy rezando para que no haya ninguna pata rota, con ocho nietos por allá en la nieve, Lule se fué el 15 para Miami, y de allí siguen el 20 para Lake Placid. Nosotros lo vamos a pasar aquí tranquilos con Tere, Pepe y los morochos que vienen para Caracas.
FELIZ NAVIDAD PARA TODOS Y FELICISISIMO AÑO NUEVO 2006!!!!!!!!
DE ABITO Y ABITA


Querida Ana:

Disculpame por no haberte respondido de inmediato, pero estoy en Washington desde el 11 de diciembre, y casi no he tenido acceso a la computadora (mi cuñada estaba terminando un paper del postgrado, y estuvo amarrada a la bicha esta como un galeote). Aquí el invierno ha estado duro (sobre todo llegando directo del trópico). Hacía menos 9 grados centigrados cuando llegué, y, aunque ha "calentado", pasamos casi todo el tiempo bajo cero. Te estoy escribiendo un momentico y corto, porque, con todo lo que ya da de trabajo la navidad, mi hermano inventó que nos fueramos a esquiar (bueno, van a esquiar ellos, que yo no tengo seguro), y salimos mañana como a mediodía, y regresamos el 27. Creo que lo único que voy a poder hacer sin riesgos es bañarme en la piscina, climatizada del hotel, je je je.
Pero no quería que la navidad pasara sin escribirte para desearles a todos los Toro, a traves de ti, feliz navidad. Debería acordarme de los nombres de todos tus hijos y sobrinos, pero por más que intento recuerdo solo algunos nombres, así que valga esta cartita como un abrazo masivo para todos. A lo mejor el año que viene podemos repetir lo del año pasado, e inventar una cocinada en tu casa (si es que acaso se regresan).
Recibe un beso y abrazos para todos,

Andrés


Querida Ana:
Que cómicos tus cuentos. Me alivia el pensar que no son tan eficientes los Canadienses, todo perfección. Me parecía horrible.
Nosotros regresamos ayer de Margarita, la pasamos divino. Mañana comenzamos el colegio.
Les mando un gran beso a todos y los extrañamos muchísimo.
Moka

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